El Doble Discurso de las Editoriales: Rechazan la IA en Público, la Usan en Privado

El sector editorial vive una contradicción que, vista desde fuera, resulta casi cómica. En los tribunales, las grandes editoriales demandan a las tecnológicas por usar sus libros para entrenar modelos de IA. En las ferias, cancelan contratos de autores sospechosos de haber usado ChatGPT. Pero en las oficinas, a puerta cerrada, esas mismas editoriales han incorporado herramientas de IA en sus procesos diarios sin decírselo a nadie.

Una investigación de WIRED basada en entrevistas con más de dos docenas de empleados de las tres principales editoriales estadounidenses —HarperCollins, Simon & Schuster y Hachette— ha documentado un doble discurso que el sector lleva meses practicando en silencio .

La IA que nadie quiere reconocer

Según los testimonios recogidos, los empleados de estas editoriales utilizan Claude, ChatGPT y Jasper para tareas que van desde redactar correos a agentes literarios hasta generar textos publicitarios, diseñar portadas y producir materiales de marketing .

El caso de HarperCollins es paradigmático. Sus directivos compraron licencias de Claude a Anthropic hace meses, pero, según un empleado, “se dieron cuenta de que no sabían cómo implementarla”. La solución fue “voluntariar” a decenas de trabajadores para convertirse en “AI Champions”, con la tarea de descubrir casos de uso en sesiones mensuales de lluvia de ideas .

Cuando algunos empleados expresaron preocupaciones legales, éticas y medioambientales en una de esas sesiones, la persona que dirigía la reunión desestimó sus inquietudes calificándolas de “el precio de hacer negocios” .

El uso más extendido: textos publicitarios y correos

Los empleados de las tres editoriales coinciden en que el uso más habitual de los modelos de lenguaje es la generación de textos publicitarios. Estos textos aparecen en Amazon, Goodreads, contraportadas y materiales de promoción dirigidos a libreros, periodistas y críticos .

Un publicista de una de las Big Five lo resumió con claridad: “Los publicistas tenemos el deber de actuar de buena fe con los lectores y con nuestros colegas de los medios, quienes tienen poca tolerancia hacia los argumentos de venta generados por IA” .

Pero el uso no se limita al marketing. Los agentes literarios comenzaron a sospechar que algunos editores estaban usando IA para redactar cartas de rechazo. “Entre colegas, comparamos correos de los mismos editores y todos tenían los mismos indicios clásicos de redacción con IA, como ‘no esto, sino aquello’ y la regla de los tres términos”, recuerda un agente .

La paradoja de las demandas y las alianzas

Mientras esto ocurre puertas adentro, las editoriales mantienen una postura pública de confrontación con las tecnológicas. En mayo de 2026, Elsevier, Cengage, Hachette, Macmillan y McGraw Hill demandaron a Meta por usar libros y artículos científicos sin permiso para entrenar su modelo Llama .

Sin embargo, la coherencia no es la virtud principal del sector. Bertelsmann, matriz de Penguin Random House, firmó una alianza con OpenAI y, catorce meses después, su filial alemana demandó a la misma empresa. Macmillan litiga contra Meta mientras se asocia con Google .

En España y América Latina, el panorama es diferente. Según un informe que revisó las políticas de IA de más de cuarenta grupos editoriales, la única política corporativa pública en la región es la del Grupo PRISA. El resto del terreno lo ocuparon instituciones como CEDRO o la Cámara Colombiana del Libro. No se localizó ningún acuerdo publicado de una editorial de la región que licencie su catálogo para un modelo de lenguaje. Tampoco ninguna demanda contra un desarrollador de IA .

El efecto en los autores: la era de la desconfianza

La consecuencia más visible de este doble discurso es una crisis de confianza que afecta a autores y lectores por igual.

Antonio Bricio, un consultor de ingeniería de Guadalajara, México, terminó su primera novela y la envió a veinte agentes literarios. Tras una serie de rechazos, decidió probar un detector de IA. Originality.ai marcó su capítulo como 100% generado por IA. Bricio eliminó algunas frases y volvió a probar. Esta vez, el programa dijo estar 100% seguro de que lo había escrito un humano .

“¿Qué pasará si los editores o agentes empiezan a usar estas herramientas con todos?”, se preguntó. “A partir de ahora, todos vamos a andar con pies de plomo” .

El caso de Andrea Bartz, autora de thrillers y demandante principal en la demanda contra Anthropic, es aún más revelador. Bartz puso sus propios textos en Ace, un verificador de IA, y el programa etiquetó su trabajo como 82% generado por IA. La herramienta le ofreció una solución: “¿Quieres humanizar tu texto?” .

La presión sobre los empleados: menos personal, más trabajo

Los empleados de las editoriales no solo tienen que lidiar con el dilema ético. También enfrentan una realidad laboral cada vez más precaria. Según los testimonios, los ejecutivos han desmantelado equipos mediante despidos y luego han triplicado la carga de trabajo .

“Hay plantillas reducidas al mínimo. Los grandes equipos se han reducido a cinco o seis personas, y estamos trabajando con el doble o el triple de libros. No es de extrañar que la gente esté tomando atajos. Lo que critico es que la empresa nos diga: ‘Háganlo o nos quedaremos rezagados’” .

El salario medio de inicio para empleados editoriales en Nueva York en las Big Five era de 47.583 dólares en 2023. Un empleado de HarperCollins lo expresó con amargura: “Fue como recibir una bofetada. Llevamos años presentando argumentos para que nos paguen un sueldo digno y, en cambio, gastan ese dinero en software que la mayoría de nosotros no necesitamos” .

La vigilancia que viene: Skan AI y la productividad

En Simon & Schuster, los empleados han comenzado a organizarse. Ante los rumores de que la empresa estaba probando Skan AI —una herramienta que, según su web, proporciona a los directivos “la base empírica para reducir costos y priorizar la automatización”—, los trabajadores comenzaron a recoger firmas para una carta abierta dirigida a su CEO .

La carta expresaba “firme oposición” y solicitaba el compromiso de no incorporar Skan AI ni ningún software similar. A muchos les preocupa que las herramientas de detección de automatización se utilicen para vigilarlos y sustituirlos .

El futuro: transparencia o caos

La mayoría de los profesionales del sector con los que habló WIRED solo quieren directrices claras sobre el uso de la IA y la divulgación de información.

“Necesitamos que sean claros sobre qué se está utilizando y cuándo”, afirma Emma Dries, agente de Triangle House Literary. “A menos que se prohíban estas herramientas, lo cual sería un sueño, todo el mundo debería ser mucho más transparente al respecto” .

Dan Sinykin, autor de Big Fiction, ofrece un diagnóstico más crudo: “Los altos directivos de las cinco grandes editoriales tienen más en común con los CEO de otras grandes empresas estadounidenses que con los editores, publicistas y traductores que trabajan para ellos. Siempre están buscando formas de maximizar los beneficios y están intentando ver hasta dónde pueden llegar antes de que se produzca una revuelta” .

PREGUNTAS FRECUENTES sobre el uso de IA en las editoriales

¿Qué editoriales están usando IA sin reconocerlo?
Según la investigación de WIRED, al menos HarperCollins, Simon & Schuster y Hachette han incorporado herramientas de IA en sus procesos editoriales sin divulgación pública ni consentimiento de los autores .

¿Para qué usan la IA las editoriales?
Los usos más comunes son la generación de textos publicitarios y de contraportada, el envío de correos electrónicos a agentes literarios, el diseño de portadas y la producción de materiales de marketing .

¿Las editoriales están demandando a las tecnológicas mientras usan IA?
Sí. Hachette, Macmillan, Elsevier y otras demandaron a Meta por usar sus libros para entrenar IA. Pero al mismo tiempo, sus empleados usan ChatGPT y Claude para tareas internas. Bertelsmann firmó una alianza con OpenAI y su filial alemana demandó a la misma empresa .

¿Qué pasa en América Latina con la IA y las editoriales?
El panorama es de vacío institucional. La única política corporativa pública en la región es la del Grupo PRISA. El resto del terreno lo ocuparon instituciones como CEDRO, la Cámara Colombiana del Libro o el Sello de Traducción Humana. No se ha documentado ningún acuerdo de licenciamiento de catálogos para IA ni demandas contra desarrolladores en la región .

¿Cómo afecta esto a los autores?
El doble discurso genera desconfianza y paranoia. Autores como Antonio Bricio han visto sus obras marcadas erróneamente como 100% generadas por IA por detectores poco fiables. Andrea Bartz recibió un diagnóstico de 82% IA en su propio texto. La amenaza no es solo que las editoriales usen IA, sino que las herramientas de detección erróneas cierren puertas a autores legítimos .

Recuerde que…

El doble discurso de las editoriales no es un problema de hipocresía individual, sino de incentivos estructurales. Las grandes corporaciones editoriales operan bajo la misma lógica que cualquier otra empresa: maximizar beneficios, reducir costos y, si es posible, hacerlo sin que nadie se dé cuenta. La IA ofrece una vía para lograrlo. Pero el costo de ese atajo es la erosión de la confianza en un sector cuya moneda más valiosa es, precisamente, la credibilidad. Los autores no pueden confiar en que sus manuscritos no acaben alimentando un modelo. Los lectores no pueden saber si la contraportada que los convenció fue escrita por un humano o por una máquina. Y los empleados ven cómo sus equipos se reducen mientras se les exige más, con la IA como excusa y como amenaza. La pregunta no es si la IA debe usarse en la industria editorial, sino bajo qué reglas, con qué transparencia y en beneficio de quién.

Para seguir explorando los desafíos éticos y laborales de la inteligencia artificial, te invitamos a visitar FernandoJuca.com y a suscribirte al canal de YouTube de youtube.com/FernandoJucamaldonado.

Publicaciones Previas
Próximas publicaciones