El problema no es la IA, es dejar de pensar ✍️🧠

En el debate actual sobre inteligencia artificial y educación, la discusión suele centrarse en la herramienta. Sin embargo, como plantea el artículo de Jordi Martí, el foco debería desplazarse hacia un problema más profundo y menos cómodo: la renuncia progresiva al esfuerzo intelectual. La IA no ha creado este fenómeno, pero lo ha vuelto visible y, en muchos casos, socialmente aceptado.

Cuando escribir deja de ser pensar

Durante años, la escritura académica fue un proceso formativo en sí mismo. Escribir implicaba ordenar ideas, detectar contradicciones, revisar supuestos y asumir la incomodidad de no tener respuestas claras. Ese proceso, lento y exigente, era donde ocurría el aprendizaje real.

Hoy, cada vez con más frecuencia, escribir se reduce a cumplir un trámite formal:

  • que suene bien,

  • que tenga estructura correcta,

  • que pase los filtros habituales.

Cuando ese es el objetivo, el proceso deja de importar. Y cuando el proceso deja de importar, da igual quién escriba… o qué escriba por uno.

Textos correctos, ideas ausentes

El resultado es la proliferación de textos impecables en la forma y vacíos en el fondo. Introducciones intercambiables, marcos teóricos que citan sin dialogar y conclusiones que no se comprometen con ninguna idea. No son textos incorrectos. Son textos anestesiados.

La inteligencia artificial facilita este tipo de producción porque domina la forma. Herramientas como ChatGPT, Gemini, Perplexity o Claude pueden generar textos coherentes, bien redactados y perfectamente presentables. El problema surge cuando se confunde esa corrección formal con pensamiento propio.

Universidad, IA y simulación académica

En el ámbito universitario, la situación resulta especialmente preocupante. Trabajos de fin de grado, proyectos de máster e incluso tesis doctorales empiezan a elaborarse casi íntegramente con IA, sin que medie un proceso real de comprensión o reflexión.

No se trata de usar la IA como apoyo puntual —algo legítimo y útil—, sino de delegar completamente el acto de pensar. El autor firma, pero no está. El texto habla, pero no piensa. Y, en muchos casos, estos trabajos superan los circuitos académicos sin demasiada resistencia.

Este fenómeno no es exclusivo del alumnado. Se sostiene también por la comodidad institucional: mientras el texto cumpla el formato y no genere conflictos administrativos, se acepta. La IA no ha creado este problema; simplemente ha hecho imposible seguir disimulándolo.

Escribir bien no es pensar bien

Una de las trampas más peligrosas del momento es confundir buena redacción con pensamiento crítico. La IA escribe bien. A veces, muy bien. Pero no duda, no se incomoda y no se equivoca de forma productiva.

Renunciar a escribir mal antes de escribir mejor, a pensar despacio y a sostener ideas propias convierte la producción académica en una simulación. Presentar eso como trabajo intelectual no es solo poco honesto, es pedagógicamente incoherente.

Educación, fricción y profundidad

La educación no avanza por acumulación de textos, sino por fricción intelectual. Avanza cuando alguien formula una pregunta incómoda, sostiene una duda o escribe desde la experiencia y no desde una plantilla.

La inteligencia artificial seguirá presente y será cada vez más útil. La pregunta relevante no es si usarla o no, sino qué estamos dispuestos a sacrificar para ganar velocidad. Si se renuncia al esfuerzo intelectual, la herramienta es lo de menos. La educación pierde profundidad, y cuando eso ocurre, todo lo demás viene detrás.

Preguntas frecuentes (FAQ)

¿El problema es usar inteligencia artificial en educación?

No. El problema es usarla como sustituto del pensamiento y no como apoyo al proceso intelectual.

¿La IA empobrece automáticamente la escritura académica?

No necesariamente. Empobrece la escritura cuando se elimina el esfuerzo reflexivo previo.

¿Debe prohibirse la IA en la universidad?

No. Debe regularse su uso y, sobre todo, evaluarse el proceso, no solo el resultado final.

¿Qué debería priorizar la educación frente a la IA?

El pensamiento crítico, la argumentación propia y la escritura como proceso formativo.

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