¿Por qué compartimos noticias falsas? La neurociencia tiene respuestas

🧠 En la era de la información, ¿por qué gana la desinformación?

Vivimos en un mundo hiperconectado, con acceso inmediato a millones de fuentes de información. Sin embargo, en vez de estar mejor informados, la desinformación está ganando terreno a pasos agigantados. Y no solo porque falten datos o nos falte criterio, sino porque nuestro cerebro tiene mucho que ver en todo esto.

A ver, ¿cuántas veces compartiste una noticia solo porque te pareció «creíble» o «urgente», sin verificarla? Tranquilo, no estás solo. Un nuevo campo de estudio, donde la neurociencia y la psicología social se dan la mano, explica por qué compartimos noticias falsas, incluso cuando sabemos que podrían no ser ciertas.


🧩 Dos teorías que explican el fenómeno

Para entender cómo funciona este comportamiento, los investigadores manejan principalmente dos grandes teorías:

1. Falta de atención o pensamiento crítico

Esta perspectiva sostiene que muchas veces compartimos sin pensar. Estamos distraídos, vamos con prisa, y no evaluamos si algo es real o no. En este sentido, lo que falta son herramientas críticas, motivación o simplemente tiempo.

2. Confirmación de creencias y pertenencia al grupo

Aquí la cosa se pone más interesante. Esta teoría propone que no compartimos por error, sino porque lo que vemos refuerza nuestras creencias, emociones e identidad social.

Y claro, si una publicación va en línea con lo que creemos o con el grupo al que pertenecemos, tiene muchas más posibilidades de ser difundida. ¿Por qué? Porque compartir no es solo informar, también es posicionarse.


🔍 El experimento: emociones e ideología ante la desinformación

Un grupo de investigadores se propuso comprobar qué tan ciertas eran estas ideas. El estudio se realizó en España y Estados Unidos, con votantes de centro-derecha y extrema derecha.

¿Qué hicieron?

Les mostraron mensajes falsos en redes sociales sobre temas sensibles: inmigración, unidad nacional, derechos de las mujeres, etc. Y observaron cómo reaccionaban.

¿Qué encontraron?

  • Cuando el mensaje coincidía con los valores identitarios del grupo, era más probable que lo compartieran.

  • Incluso los participantes con alto nivel de pensamiento analítico cayeron en la trampa cuando el contenido tocaba una fibra emocional.

  • Las personas más afines a figuras polarizantes como Donald Trump fueron también las más propensas a compartir estas publicaciones.

La racionalidad se desactiva, y las emociones toman el volante.


🧠 ¿Qué pasa en el cerebro cuando leemos desinformación?

Lo más revelador llegó cuando los científicos midieron la actividad cerebral con resonancias magnéticas.

¿Qué áreas se activan?

  • Zonas asociadas con la vida social, la empatía y la identificación grupal.

  • Áreas encargadas de entender lo que otros piensan y de adaptarse a normas sociales.

Es decir, nuestro cerebro evalúa no solo si creemos en el contenido, sino cómo será visto por los demás si lo compartimos. Compartir desinformación se convierte, sin querer, en una prueba de lealtad al grupo.


📲 El clic que dice más de ti de lo que crees

Compartir una publicación no es solo un acto informativo. Es una forma de mostrar quién eres, con quién te identificas y qué ideas defiendes.

Por eso, las campañas contra la desinformación que solo repiten “verifica antes de compartir” no están siendo suficientes. Se necesita algo más profundo: comprender qué nos mueve a compartir algo, más allá de los hechos.


❤️ Desinformación y emociones: una relación estrecha

El estudio confirma algo que muchos ya sospechábamos: las emociones influyen mucho más que la lógica a la hora de decidir qué compartimos en redes.

En particular:

  • El miedo, la ira o el orgullo grupal son emociones muy poderosas que impulsan a compartir.

  • Sentirse parte de algo, aunque sea en una red social, nos lleva a reforzar narrativas afines, incluso si son falsas.


🧠 ¿Cómo combatir la desinformación de forma efectiva?

🔑 No basta con datos. Hace falta empatía, educación emocional y conciencia social.

Estrategias más humanas y efectivas:

  1. Educar en pensamiento crítico, sí… pero con enfoque emocional y narrativo.

  2. Fomentar conversaciones, no confrontaciones. Mostrar el error con respeto es más efectivo que humillar.

  3. Crear campañas que conecten emocionalmente, que usen las mismas armas que la desinformación, pero para bien.

  4. Entender al otro grupo. Escuchar sin juzgar, para entender por qué alguien podría compartir cierto tipo de contenido.


🧠 ¿Y si el problema no es solo informativo, sino existencial?

Las redes sociales no son solo canales de información, también son espacios donde construimos nuestra identidad. Lo que compartimos, lo que comentamos, lo que nos hace reaccionar… todo eso habla de quién creemos ser y a qué tribu pertenecemos.

Por eso, combatir la desinformación también implica preguntarnos:

  • ¿Qué necesidad estoy cubriendo al compartir esto?

  • ¿Estoy buscando validación? ¿Identidad? ¿Sentido de pertenencia?

  • ¿Estoy dispuesto a revisar mis creencias si se demuestran falsas?


🙋 Preguntas frecuentes (FAQ)

¿Qué motiva a la gente a compartir noticias falsas?
No siempre es por ignorancia. Muchas veces es porque el contenido refuerza su identidad o creencias. Es emocional y social, más que racional.

¿Los más educados también comparten fake news?
Sí. El estudio mostró que incluso personas con alta capacidad analítica compartían contenido falso si este apelaba a sus valores o identidad grupal.

¿Cómo puedo evitar caer en esto yo también?

  • Tómate un segundo antes de compartir.

  • Pregúntate por qué te resuena tanto ese mensaje.

  • Verifica en varias fuentes. Y, si puedes, consulta con alguien de confianza.

  • Recuerda: no todo lo que nos emociona es verdad.


🧠 Más que un clic, es una declaración

La desinformación no se propaga porque no sepamos pensar. Se propaga porque somos humanos.

Porque sentimos. Porque queremos pertenecer. Porque a veces, la verdad duele… pero el «nosotros» reconforta.

Combatir las noticias falsas exige algo más que datos fríos. Exige conectar con las emociones, con el sentido de pertenencia y con el deseo de comprender.

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