Si en Internet no se paga por un servicio, el producto es el usuario

La idea central: “gratis” casi nunca significa “sin costo”

En el ecosistema digital, “gratuito” suele significar subvencionado por un modelo de negocio. En la práctica, una parte relevante del mercado funciona así: el usuario obtiene acceso a una app, plataforma o herramienta sin pagar dinero, y a cambio entrega datos, atención y señales de comportamiento que se convierten en ingresos.

Este enfoque se vincula con lo que la literatura denomina capitalismo de vigilancia: extracción de datos de la experiencia humana para predecir (y, en algunos casos, influir) conductas a escala. WIRED+2arXiv+2

Qué “paga” realmente el usuario cuando usa un servicio sin costo

En términos operativos, el intercambio no es abstracto. Se expresa en activos medibles:

1) Datos personales y “metadatos”

No solo se recopila lo que se escribe o publica. También se recogen metadatos: dispositivo, ubicación aproximada, horario de conexión, red utilizada, interacción con contenidos, ritmo de navegación, y patrones repetidos.

2) Atención y tiempo

El tiempo de permanencia, los clics y las pausas son señales valiosas. La atención se convierte en inventario publicitario y en insumo para sistemas de recomendación.

3) Perfilado y segmentación

Con suficientes señales, se infieren atributos: intereses, intención de compra, hábitos, ideología probable, estado de ánimo, etc. El producto final suele ser capacidad de segmentación (publicidad) y optimización de influencia (recomendación).

Cómo se transforma la actividad del usuario en dinero

En la mayoría de plataformas masivas, el flujo económico suele seguir este circuito:

  1. Captura de datos (uso del servicio + trackers + integraciones).

  2. Modelado (algoritmos que detectan patrones y generan segmentos).

  3. Activación comercial (anuncios dirigidos, subastas en tiempo real, audiencias similares).

  4. Optimización (A/B testing, retención, notificaciones, ranking de contenido).

  5. Reinversión para incrementar captura y precisión del perfil.

El punto crítico es que el valor no reside en “tener datos”, sino en convertirlos en predicciones accionables y ventas publicitarias, tal como se analiza en trabajos sobre capitalismo de vigilancia y autonomía personal. arXiv+1

Ejemplos cotidianos de “cobro” por privacidad (sin que parezca cobro)

Caso A: Redes sociales

  • El usuario publica y consume contenido sin pagar.

  • La plataforma monetiza por anuncios dirigidos y por la calidad de segmentación.

  • El “pago” se materializa en: rastreo, perfilado, exposición a contenido optimizado para retención.

Caso B: Apps “gratis” con permisos excesivos

  • Linterna, teclado, editor de fotos “gratuito”.

  • Solicita permisos no indispensables (contactos, ubicación, micrófono).

  • La utilidad real puede ser el dato y no la función principal.

Caso C: Servicios que “mejoran” con IA

  • Resúmenes, recomendaciones o asistentes.

  • Pueden requerir historiales, documentos, consultas y preferencias para entrenar/afinar.

  • El riesgo aumenta si se mezclan datos de múltiples fuentes.

El riesgo no es solo “que roben datos”: es el uso y la circulación

El problema se agrava cuando el dato sale del entorno original: intermediarios, socios, integraciones y “brokers”. En los últimos años, la discusión pública ha puesto foco en el mercado de datos y la sensibilidad de información como localización (por su capacidad de revelar rutinas y lugares visitados). Reuters

Señales claras para detectar si un servicio “gratuito” vive de los datos

  • Requiere registro para funciones básicas.

  • Pide permisos no proporcionales al servicio.

  • No permite desactivar personalización de anuncios o medición.

  • No explica con claridad con quién comparte información.

  • Su política de privacidad es extensa, ambigua o cambia con frecuencia.

  • La experiencia está diseñada para maximizar permanencia (scroll infinito, autoplay, notificaciones insistentes).

Qué hacer para pagar menos con privacidad (lista práctica)

  1. Revisar permisos en móvil y navegador (ubicación, micrófono, contactos).

  2. Bloquear rastreadores con extensiones reconocidas y limitar cookies de terceros.

  3. Separar identidades: un correo para registros, otro para finanzas/servicios críticos.

  4. Desactivar personalización publicitaria donde sea posible.

  5. Usar autenticación fuerte (2FA) y gestores de contraseñas.

  6. Preferir servicios con modelo claro: pago directo, código abierto, o políticas estrictas verificables.

  7. Minimizar datos compartidos: no subir documentos sensibles si no hay garantías.

Cuando un servicio digital se ofrece sin costo monetario, lo más habitual es que el modelo de ingresos dependa de datos, atención y perfilado. En ese escenario, el usuario no es “cliente” en el sentido clásico: el usuario es, con frecuencia, la fuente del activo comercial. La conversación real no debería centrarse en si un servicio es gratis, sino en qué se entrega a cambio y si ese intercambio resulta aceptable.

Referencia al final del post: aquí se colocará el enlace del documental/video utilizado como apoyo contextual.

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