“No hay un gen para el espíritu humano.”
— Gattaca (1997)
Lo que fue ciencia ficción en los 90, hoy comienza a ser un negocio real. Silicon Valley, cuna de las grandes revoluciones tecnológicas, ahora lidera una nueva frontera: optimizar a los hijos antes de que nazcan.
🧪 Bebés a la carta: más allá de prevenir enfermedades
Startups como Orchid Health, Herasight o Nucleus Genomics ya no solo buscan evitar enfermedades genéticas graves como el síndrome de Down o la fibrosis quística. Ahora también ofrecen predicciones de coeficiente intelectual (IQ), riesgo de Alzheimer, diabetes o incluso bipolaridad.
💵 Los precios varían:
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Orchid: $2.500 por embrión (más $20.000 por el ciclo de FIV).
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Nucleus Genomics: $6.000.
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Herasight: hasta $50.000.
📍 El mercado objetivo: élites tecnológicas de San Francisco, donde incluso hay agencias matrimoniales que emparejan ejecutivos con parejas “inteligentes” para “tener hijos inteligentes”.
🧠 ¿Prevención o ingeniería social?
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Algunas parejas buscan minimizar riesgos médicos reales, como Simone y Malcolm Collins, quienes eligieron un embrión con menor predisposición al cáncer.
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Otras lo ven como una herramienta de selección cognitiva: el matemático Tsvi Benson-Tilsen quiere “crear genios” que enfrenten amenazas como la IA fuera de control.
👶 Detrás del discurso de “darle a los hijos la mejor oportunidad posible”, muchos críticos ven el resurgimiento de la eugenesia, ahora con una capa tecnológica y voluntaria.
🧬 Así funciona el proceso
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Fecundación in vitro (FIV): estimulación ovárica, extracción de óvulos, fecundación en laboratorio.
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En el día 5 (blastocisto), se extraen entre 5 y 10 células por embrión.
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Esas células se amplifican para secuenciar el genoma.
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Algoritmos analizan los datos y entregan un reporte con “predicciones” de rasgos.
🧾 Los informes se parecen más a hojas de cálculo que a historiales médicos.
Preguntas tipo:
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“¿Cuántos puntos de IQ compensan un 1% más de riesgo de TDAH?”
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“¿Qué riesgo de Alzheimer aceptamos por menor probabilidad de bipolaridad?”
🔍 La ciencia detrás: promesas frágiles
Aunque el marketing es potente, la evidencia no siempre acompaña:
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Según el genetista Shai Carmi, los modelos actuales solo explican entre 5% y 10% de la variabilidad del IQ.
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En la práctica, elegir el “mejor embrión” daría apenas 3 o 4 puntos extra en IQ frente a una elección al azar.
⚠️ Además:
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El proceso de amplificación puede introducir errores.
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Las bases de datos genéticas están basadas en personas de origen europeo → menos precisión en otras poblaciones.
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Las mejoras potenciales pueden venir con efectos secundarios: por ejemplo, mayor IQ puede correlacionar con mayor riesgo de autismo.
⚖️ El dilema ético: ¿quién decide qué significa ser mejor?
Seleccionar genes “deseables” es abrir una caja de Pandora:
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¿Se discrimina por ADN?
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¿Estamos construyendo una división genética?
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¿Es ético decidir el valor de una vida antes de nacer?
El bioeticista Lior Pachter lo advierte: convertir el genoma en una serie de puntuaciones alimenta la idea de que “unos genes valen más que otros”.
🧬 Entre el pronatalismo y la inversión privada
Esta tendencia genética está ligada al auge del pronatalismo: una ideología que defiende la reproducción masiva de personas con “alto potencial intelectual”.
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Figuras como Elon Musk, J.D. Vance y empresarios como Peter Thiel o Brian Armstrong apoyan financieramente estas empresas.
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La genética reproductiva se ve como negocio y apuesta ideológica.
📊 El futuro en hojas de cálculo
Silicon Valley sueña con una generación diseñada, donde salud perfecta e inteligencia máxima sean “optimizables” desde el embrión.
Pero como advertía Gattaca, la pregunta no es solo científica… es humana:
Si podemos moldear a la próxima generación, ¿quién decide qué significa ser mejor?
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